Hay parejas que desbordan luz y buen rollo, y Aida y Gerard son el mejor ejemplo. Aunque la rutina los lleve a París por trabajo, tenían claro que su gran día se bailaba y se disfrutaba en casa. Una boda espectacular junto a sus dos pequeños, donde no faltaron las risas, la espontaneidad y esa complicidad tan suya. Volver al Pla del Bosc para veros celebrar la vida así ha sido un auténtico regalo. ¡Que la fiesta no termine nunca!